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Triana Marrash: El barro, el espejo y el fin del mundo.

  • 14 ago 2025
  • 4 Min. de lectura

@Marujeoincognito_


Últimamente, con el mundo en lo que parece ser su era más apocalíptica, resulta curioso —o lógico, no lo sé— que aparezca en la pantalla de tu móvil alguien como Triana Marrash. En el panorama audiovisual español, su nombre suena cada vez más: hace poco salió en televisión contando su doble vida —la de chica de 27 años de Barcelona, y la de chica de compañía de jeques árabes en Dubái—.


Tras esa revelación, llegó su “desaparición”: muchos pensaron que la habían secuestrado (fue justo después de lo del jeque), pero en realidad estaba en su casa, jugando al parchís de Facebook. Literalmente, la pillaron así. Cuando reapareció se limitó a dar estas explicaciones por un directo de Tik-Tok.





La última vez que escuché el término “esquizofrenia del capitalismo tardío” no pude evitar pensar en ella.



No es un personaje: es un síntoma


Triana no es un personaje inventado: es un síntoma vivo. Una consecuencia directa del capitalismo tardío, esa etapa en la que la coherencia ha dejado de importar y lo único que cuenta es el impacto.


En ella no hay narrativa cuidada ni corrección política. Lo suyo es el estímulo constante, la contradicción como forma de vida. No finge estabilidad; se expone como un espejo roto, y cada fragmento refleja algo distinto: para unas, fascinación; para otros, desprecio; para muchos, ambas cosas a la vez.


Se revuelca en el barro con la lucidez de quien sabe que ahí, y no en la pureza, reside lo real. Y lo hace sin pedir permiso, como si las normas fueran leyendas urbanas que nunca le contaron. Cada vídeo es más random que el anterior:


Aquí Triana cuenta la traumática historia con ex (espías involucrados) y, además, cómo casi la killean.

La primera vez que vi a Triana Marrash


La primera vez que vi a Triana Marrash no fue en un clip viral ni en un titular, sino por casualidad. @Juniorhealy estaba retransmitiendo en directo el “Camino de Santiago de Triana” —una aventura que ella decidió emprender, sin más—.


La escena era absurda y magnética: Triana, sentada en la recepción del albergue en plena madrugada, peleándose con la llave de un albergue de peregrinos; luego, horas después, borracha en un pueblo, soltando perlas verbales como si fueran fuegos artificiales.


Este es mi directo favorito de Triana, su PEREGRINA ERA, y reaccionando Junior, el mejor.

Triana como espejo fragmentado


Triana es un espejo fragmentado: cada observador ve una imagen distinta. Se expone sin filtros en cuanto a personalidad se refiere —los de Tik-Tok los usa todos— y en esa exposición despierta y/o provoca reacciones opuestas e intensas: fascinación, rechazo, idolatría, desprecio.


No interpreta papeles; encarna el tipo de subjetividad que produce el capitalismo tardío, la esquizofrenia de la cultura, donde la coherencia narrativa se ha disuelto en la inmediatez y el estímulo constante.


En este contexto, la identidad deja de ser una esencia y se convierte en una sucesión de momentos inconexos, de performances que se activan y se agotan a tiempo real.

Triana no oculta esa fragmentación: la exhibe, y por eso nos refleja.



La época esquizofrénica de la cultura


Las experiencias esquizofrénicas del capitalismo tardío se parecen a abrir diez pestañas distintas en el navegador, cada una mostrando un fragmento sin relación con las demás: una oferta de vuelos, un vídeo viral, un titular alarmista y una receta de cocina.


Son materiales aislados, desconectados, que no llegan a formar un hilo narrativo. Nuestro sentido de la realidad se sostiene en la ilusión de un “yo” y un “mí” que permanecen, aunque la secuencia de estímulos sea completamente discontinua.


Recordamos que el autor de este término y su teoría son los siguientes:

Fredric Jameson, Posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo tardío

La última vez que escuché el término “esquizofrenia de un capitalismo tardío” pensé en ella. No como una metáfora, sino más bien como una encarnación viva de esa lógica: fragmentada, incoherente, excesiva, contradictoria. Vive en el exceso, saltando del sinsentido al magnetismo, como si en esa rueda de caos estuviera la única manera de saber que aún queda algo en la pureza-residuo del real.




En Triana, la esquizofrenia de la cultura deja de ser un concepto académico para convertirse en un gesto, una respiración, un directo de madrugada. No hay teoría que la explique mejor que su propia presencia: fragmentada, magnética, contradictoria. Triana no busca coherencia; se alimenta de la fractura y la devuelve multiplicada, como un espejo roto que refleja cada ángulo de nuestra época.


Quizá por eso fascina y desconcierta: porque al mirarla no vemos solo a Triana Marrash, sino una versión muy pequeña (o más grande, según tu caso), más cruda y luminosa, de nosotros mismos, navegando —a veces a la deriva— por esta marea incesante de estímulos que llamamos realidad. Cada vez estamos más cerca de vivir en Black Mirror, y Triana parece que es una prueba de ello. Hace un tiempo hicimos un vídeo para YouTube presentándola, un poco cutre (malísimo jaja), pero ahí está:



Si después de leer esto quieres seguir buceando en historias igual de fascinantes y caóticas, te recomiendo escuchar el episodio que Triana grabó para Special People Club en Podimo, el podcast de Esti, aka Soy Una Pringada. Es otra capa de este espejo roto, con su voz, sus pausas y sus propias palabras.


Además, si aún no tienes cuenta, desde mi página puedes acceder a 60 días gratis de Podimo para escucharlo sin coste. Para ello, pincha en este enlace: https://tr.ee/lTYqricAsh


 
 
 

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